Tipos de calefacción

La calefacción es una de las instalaciones que más afectan en el confort de una vivienda. No hay como llegar a casa en invierno y resguardarnos del mal tiempo en casa, con una agradable temperatura. Por eso es de suma importancia que todo el sistema esté siempre a punto y nos proporcione el calor que necesitamos. Siendo un tema prioritario, conviene conocer cuáles son las alternativas que tenemos disponibles. Si por cualquier motivo deseas cambiar el tipo de calefacción en tu hogar, o se trata de un inmueble nuevo en el que debes hacer la instalación desde cero, a continuación encontrarás una breve guía que te permitirá elegir el sistema que más te conviene.

Calefacción eléctrica

La calefacción eléctrica cuenta con muchos adeptos. Es un sistema fácil de instalar y utilizar, que no reviste mayores complicaciones ni requiere de mucho mantenimiento. Una de sus principales ventajas es que proporciona calor de manera instantánea, por lo que no tendrás que esperar mucho tiempo para conseguir la temperatura deseada. Su rendimiento y eficacia es muy alto y, además, el precio de los equipos es muy razonable. Por este motivo es frecuente que sea el tipo de calefacción elegido para las oficinas y negocios, pues permite calefactar superficies amplias con un consumo de bajo coste.

Los radiadores son la pieza básica de este sistema. Algunos modelos cuentan con patas que permiten apoyarlos directamente en el suelo y desplazarlos de una habitación a otra. Otros modelos, en cambio, se instalan fijos en la pared, ajustándolos con unos enganches.

Como no necesitan ningún mantenimiento conseguirás un importante ahorro a la larga. Dependiendo del modelo que elijas, podrás controlar la temperatura en el mismo radiador o, para mayor comodidad, utilizando un mando a distancia. Su uso es tan simple que basta con conectarlo para empezar a disfrutar de un ambiente agradable.

Calefacción de gas

Este es el sistema más utilizado en toda España. Es el de toda la vida y por eso muchas personas se niegan a cambiarlo. Si tu vivienda no está acondicionada para utilizar calefacción a gas, tendrás que hacer una inversión inicial en la instalación, pues es necesario conectar las tuberías y conductos que transportarán el combustible hacia todas las estancias de la casa. Este es un trabajo que solo puede ser realizado por un fontanero experto, cumpliendo con estrictas normas de seguridad.

Salvado este punto, la calefacción a gas es una excelente alternativa, pues tiene una potencia calorífica realmente alta y el coste mensual por consumo puede ser más económico que la calefacción eléctrica, en función de las tarifas que tengas contratadas.

Aunque se considera que la electricidad es una energía más limpia, porque no produce gases contaminantes, tampoco debes preocuparte si decides instalar la calefacción a gas, pues los niveles de emisiones son prácticamente nulos, y se trata de un sistema muy seguro y eficiente.

Eso sí, con la calefacción a gas debes asegurarte de contar con un especialista que se encargue de las revisiones periódicas, para garantizar que la instalación esté en óptimas condiciones y no haya fugas o accidentes.

Calefacción geotérmica

En otros países de la Unión Europea y en Estados Unidos la calefacción geotérmica es bastante común. Lamentablemente en España es un sistema poco conocido y utilizado. Esto es una verdadera lástima pues se trata de una energía totalmente natural, que resulta limpia y muy económica. La barrera de entrada que la calefacción geotérmica ha tenido probablemente se deba a los altos costes de la instalación. En efecto, este tipo de calefacción requiere que las tuberías y las bombas de calor se coloquen debajo de la vivienda, lo cual supone un importante gasto en obras cuando se trata de inmuebles ya construidos. La buena noticia es que esa inversión inicial se amortiza rápidamente debido a su bajo consumo. Si te decides por la calefacción geotérmica es indispensable que contactes con un fontanero profesional, pues se trata de instalaciones complejas que solo los más expertos pueden realizar.

Calefacción por biomasa

La calefacción por biomasa utiliza combustibles naturales como fuentes de energía. Comprende elementos tan variados como las astillas de madera, pellets, leña, residuos vegetales y otros considerados desechos, como las cáscaras de frutos secos o los huesos de aceitunas. Se trata, pues, de un tipo de calefacción amigable con el ambiente, que tiene un coste de producción de energía muy económico.

Su funcionamiento es similar al de cualquier otro sistema, pues con estos materiales se alimentan las calderas que calefactan los espacios. El inconveniente es que no se trata de un sistema de acción inmediata, por lo que deberás esperar un buen tiempo para que la temperatura alcance el nivel deseado. Por otra parte, su mantenimiento es sencillo, pero debes tener la precaución de retirar los restos y cenizas para evitar que se obstruyan los conductos.

Asimismo tendrás que asegurarte de contar con provisión suficiente de biomasa, pues es un recurso que se distribuye bajo demanda. Además, son instalaciones fijas, por lo que no podrás transportarla a diferentes puntos de la casa.

Calefacción solar

Finalmente nos toca hablar de la calefacción solar, un sistema muy eficiente y económico, que utiliza la energía de la radiación solar para producir calor. En consecuencia el consumo es eficiente y económico, además de ser una fuente de energía limpia y segura, que no produce emisiones al ambiente ni contamina de forma alguna.

Pero al igual que la calefacción geotérmica, requiere de una inversión inicial considerable. Los paneles solares no son económicos y toda la instalación tiene un coste bastante elevado. Si estás convencido de que este es el tipo de calefacción que te conviene, no te arrepentirás, pues a la larga resulta sumamente ventajoso.

Con respecto al mantenimiento, conviene ser muy cuidadosos con los equipos, a fin de garantizar su óptimo funcionamiento y rendimiento. Así, es aconsejable limpiar con frecuencia los paneles solares para retirar el polvo, excrementos de aves, nieve o polución que haya podido acumularse.

Igualmente, debes limpiar la parte superior de las baterías y bornes, al menos una vez al mes, y revisar los terminales de conexión dos o tres veces al año.